EL JOHNNY BIEN DE INTERÉS CULTURAL
 

Recordar es volver a vivir

El refranero castellano es rico y sabio y no se me ocurre mejor idea que beber de sus fuentes para tirar de la nostalgia del recuerdo y volver a vivir lo vivido.

Y lo vivido fueron conciertos gloriosos difíciles de olvidar e instalados en mi memoria como si fueran parte de mí ser.

De esos conciertos recuerdo por su indudable calidad el ofrecido por el grupo cubano Irakere a principios de los años 80. Concierto paradigmático que combinó música seria y divertida a la vez.

El tema “Misa Negra” vanguardista y pretencioso y el resto una fiesta que hizo partícipe a todos los asistentes con los músicos recorriendo el pasillo central de butacas entre boleros y chachachás. ¡Inolvidable!

Igualmente inolvidable e increíble Kirk Lightsey, un pianista que tuve el placer de disfrutar y descubrir en compañía del maravilloso Dexter Gordon que ese día lideró el cuarteto. Significativa la manera de éste de ofrecer su saxo tenor al público tambaleándose de tal forma que parecía que iba a terminar perdiendo el equilibrio.

De la salsa y el jazz afrocubano de Irakere y el bop de Dexter Gordon al grupo inglés y creadores del RIO, (rock en oposición) Henry Cow. Su música fue una propuesta diferente y vanguardista, pero en aquellos años 80 se apreciaba y se premiaba con un lleno espectacular. Fred Frith y los suyos terminaron el concierto desapareciendo tras el escenario uno a uno sin dejar de hacer sonar sus instrumentos.

Otra de las presencias que no quisiera obviar es la del grupo germinal de jazz-rock europeo: Nucleus, liderado por el trompetista Ian Carr.

¡Siempre lamentaré no haber podido asistir!

Todos son grandes músicos y sus conciertos forman parte de nuestras vidas como lo hacen las anécdotas. El caso del guitarrista Larry Coryell es especialmente significativo, ya que se familiarizó conmigo con tal facilidad que parecíamos amigos de toda la vida, hasta el punto de preguntarme por la dirección actual (en aquel momento) de Paco De Lucía.

Pero lo más importante de todo han sido y son las amistades de siempre y las nuevas que gracias al Johnny hemos tenido la fortuna de mantener y de ganar.

De todas esas amistades quedaran en la memoria del Johnny los fotógrafos Javier Nombela y Sergio Cabanillas, los redactores de tomajazz Carlos Lara y Arturo Mora, “El espontáneo “Juan José González” (por sus conocimientos y su arte) y muy especialmente MaríaTeresa y todos aquellos que desinteresadamente han trabajado para sacar este proyecto que ha durado y ojalá siga durando otros cuarenta años.

Pero el verdadero artífice de todo (y eso es indudable) es Alejandro Reyes Domene fundador del Johnny y un verdadero Quijote de nuestros días que no lucha contra molinos sino contra verdaderos gigantes.

Soy consciente que son “malos tiempos para la lírica” (que diría Bertolt Brecht) pero aún así sería una pérdida irreparable que desapareciera un local tan emblemático en Madrid como en España y me atrevería a decir del mundo. Aunque sólo fuera por la ingente cantidad de artistas que han pisado sus tablas y dejado sus rúbricas e impregnado las paredes con sus músicas sería injusto.

Seguro estoy que con el patio de butacas vacio el ya fallecido profesor Germán de Argumosa sería capaz de hacer sonar todas las músicas de estas cuatro décadas valiéndose de sus investigaciones parafónicas.

Y es que obras y no buenas razones es lo que ha caracterizado a este club de música y jazz a lo largo de su dilatada historia.

El Johnny es por y para la cultura.

El Johnny es un bien de interés cultural y no es merecedor al título que el cineasta y músico de jazz Woody Allen (irónica y humorísticamente) dio a uno de sus libros: Como acabar de una vez por todas con la cultura.

¡Qué por todo lo vivido y sentido no suceda!



Enrique Farelo
Ferroviario y otras hierbas
Aficionado/Crítico de jazz/Tomajazz

<< volver a la agenda >>
 

 

Amedea. Diseño web. Aplicaciones Móviles. Apps. Diseño Gráfico