EL JOHNNY BIEN DE INTERÉS CULTURAL
 

El San Juan y la Santa Cultura

MLa música pensada en libertad es un acontecimiento gozoso, un aguijonazo en las tripas del alma que provoca un sortilegio creativo con trazas de liturgia exclusiva, pero con destellos conceptuales suficientes para el disfrute de todos. Y ésa es la esencia del Club de Música y Jazz San Juan Evangelista, al que acaban de concederle con toda justicia la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Su actividad a lo largo de sus cuatro décadas de existencia siempre ha atendido las músicas escoradas, que son el eco sonoro sobre el que descansa la banda sonora de nuestras vidas. Sólo su independencia y libertad de acción han hecho posible una historia mágica e increíble en la que se dan cita todas las músicas verdaderas, aquellas que no entienden de matemáticas, listas de ventas ni egos complacientes. Al que suscribe se le ocurren mil y un ejemplos de obras y artistas que jamás hubiera soñado disfrutar de no ser por el San Juan, una institución fiel e incorruptible, cuya labor a lo largo de este tiempo nos ha ayudado a todos, no sólo a crecer como personas, sino a ser mejores. Es lo que tiene la cultura, que es el espejo natural de los pueblos: cabe decidir ahora qué pueblo queremos ser.

La Historia del Club de Música y Jazz san Juan Evangelista se ha hecho grande y mayúscula a través de las actuaciones de la práctica totalidad de músicos y creadores que convertido en culta la música popular. Hoy las hemerotecas, los conservatorios, las enciclopedias… señalan al “Johnny” como un lugar de encuentro para agitar y reconocer la excelencia de cultura popular. No hay más que consultar su memoria para descubrir que todos los grandes del jazz y el flamenco, el folk y la canción de autor, han desfilado por su noble tarima, por lo que resultaría reiterativo enumerar los protagonistas de su feliz andadura; si cualquiera comparase su programación con la de otras venerables instituciones, desde el Lincoln Center de Nueva York a la Scala de Milán, no dudaría un segundo en reconocer al San Juan como uno de los grandes pulmones de la cultura de nuestro tiempo. La afirmación pudiera entenderse algo exagerada, pero basta hacer la prueba y-salvando distancias económicas y contextos socio-culturales- deducir que la reivindicación de que sea declarado Bien de Interés Cultural descubre todas las razones y justicias.

Sin embargo, aún hay más, ya que el valor de su memoria adquiere adjetivos exclusivos al saber que esta organización universitaria es una asociación sin ánimo de lucro en la que ninguno de sus miembros cobra remuneración alguna y que todo lo recaudado es invertido en nuevas actividades. Por amor al arte, sí, pero también por amor a la ciudadanía, por amor a un compromiso social con el crecimiento de los pueblos, por amor a la cultura inédita y jamás contada, por amor… al amor, que es lo que nos distingue de los árboles y las piedras.

No hay duda de que su carácter universitario confiere al San Juan otra de sus distinciones, ya que es en este espacio académico donde la poesía puede ser cotidiana y la vanguardia… un saludo cada noche. Lo demás… es cultura de consumo, totalmente legítima, claro está, pero irrelevante a la hora de cuantificar y cualificar el crecimiento de toda sociedad y cada persona. Es por ello que desde estas páginas se reivindique sin reservas ni complejos la declaración del Club de Música y Jazz San Juan Evangelista como “Bien de Interés Cultural”, porque su respiración nos hace más vivos y, sobre todo, porque nos permite creer en la justicia y en el mañana. O lo que es lo mismo, ahora desde una perspectiva orgullosamente egoísta: si algo muriera en el San Juan, todos moriríamos un poco.



Pablo Sanz
El Mundo/Scherzo

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