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Nacido
en Lyon en 1953, Sclavis es uno
de los mejores clarinetistas del
free jazz y del jazz de
vanguardia. Es un intérprete muy
expresivo, cuyas improvisaciones
gozan de inusual claridad y
precisión, y cuya técnica, muy
depurada, no se impone sobre su
musicalidad.
Sclavis comenzó a estudiar
clarinete a los nueve años, se
interesa por el saxo soprano y
por el clarinete bajo, al tiempo
que descubre la música
improvisada y escucha a Archie
Shepp, The Art Ensemble of
Chicago, Charles Mingus, Sun Ra…
Entre 1975 y 1982 tocó en varios
conjuntos como el Free Jazz
Workshop, el Henry Texier
Quartet o el Chris McGregor’s
Brotherhood of Breath.
En 1982 formó su propio grupo,
Le Tour de France de Louis
Sclavis, compuesto por seis
músicos de diferentes regiones
francesas. Toca con John
Lindberg, George Lewis, Evan
Parker, Lol Coxhill, Tony Oxley
y Peter Brötzman.
En 1984 grabó “Clarinetes”, un
álbum en solitario para el sello
Ida. Ese mismo año formó un
nuevo cuarteto con el que
grabaría un par de discos:
“China” (1987), para el sello
Ida, y “Rouge” (1991), para ECM.
En 1987 fundó un septeto de
cámara, participó en una big
band y tocó a dúo con Cecil
Taylor.
En el 88 recibió el premio
Djando Reinhardt como jazzman
francés del año y formó el Trío
de Clarinetes con Jacques di
Donato y Armand Angster, un
grupo que, además de hacer
música improvisada y tocar
composiciones de sus miembros,
interpreta a compositores
clásicos como Brian Ferneyhough
y Pierre Boulez. Por esa época,
conoce a la coreógrafa y
bailarina Matilde Monnier con
quien colaboró en varias
ocasiones.
El renombre de Sclavis se
acrecienta durante los
siguientes años: ganó el British
Jazz Award en 1991 y grabó
varios discos para FMP y ECM.
Crea y mantiene el trío con
Texier y Romano, y proyecta
grabaciones con su trío de
clarinetes, con su septeto, con
el percusionista Trilok Gurtu, y
con un conjunto en el que
intervendrá Cecil Taylor.
Además de sus actividades
jazzísticas, Sclavis compone
música para el teatro y el cine.
L’imparfait des langues. (lo
imperfecto de los idiomas)
Todas las lenguas dicen "era una
vez", cuentan historias, total
apuestan al pasado. De un lado
la memoria, la transmisión,
imperfectas forzosamente; del
otro, la imperfección, la
incapacidad de una lengua que
hay que formular de uno a otro
tal sentimiento, tal idea; y
todavía los errores, las faltas,
las ignorancias, los desvíos que
transforman las lenguas, los
modos diferentes de hablarlas y
las incomprensiones. Y desde
hace tiempo las mezclas, los
plagios, las reglas burladas.
Quise evocar esta imperfección
con músicos de la joven
generación, para la inmensa
mayoría y nuevos para mí, con el
fin de romper costumbres, de
añadir nuevas palabras, de
inventar una noticia a mi propio
lenguaje musical.
Cuando el trabajo comenzó, había
encontrado a Maxime Delpierre un
año antes solamente y acababa de
comenzar una colaboración con
Paul Brousseau. En cuanto a Marc
Barón, lo conocía sólo de
reputación. El único que me era
familiar era Francisco Merville
con quien toco desde hace una
decena de años.
Escribir para estos músicos era
una apuesta inédita y casi
desestabilizadora. La parte de
la escritura, en esta creación,
fue voluntariamente modesta al
principio: prefería funcionar
con esbozos que hay que
someterles a los músicos para
que pudiéramos desarrollarlos
juntos.
Para mí, la escritura no es un
fin en sí. ¡Si un músico toca
exactamente lo que escribí,
estoy casi decepcionado! Al
contrario, me gusta que cada uno
aporte cosas personales, y hasta
imperfecciones que pueden tener
sentido una vez asumidas. Es la
idea del error asumido la que me
interesaba desarrollar en este
proyecto "lo imperfecto de las
lenguas" que traduce más un paso
personal que un programa
verdadero. Buscar el híbrido.
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