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· EL PAIS 18.05.2009
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EL MUNDO / CAMPUS
MIÉRCOLES 20 DE NOVIEMBRE DE 1996

Recordando a Godot
“EL BRUJO”

Corrían los años sesenta y allí estaba la puerta de Alcalá viendo pasar el tiempo. Era cuando Pepe Monleón tenía el pelo largo como un jefe sioux, los “grises” vestían de gris y todavía llevaban caballos dispuestos para el ataque en el “campus”. “Los policías –decíamos entonces- están con los banqueros, los estudiantes están con los obreros”. Sepa Dios dónde y con quién estarán hoy aquellos policías y aquellos estudiantes, algunos de los cuales me consta que son banqueros.

¿Y el teatro? ¿Dónde y con quién estaba el teatro? El comercial estaba donde siempre, en la cartelera, y casi como siempre. Eso sí, había más locales. A veces irrumpía el viento huracanado de la libertad creadora: Nuria Spert, Victor García, “Las criadas”, de un autor maldito, cuya universidad había sido la cárcel y que según rumores era “pederasta”; yo miré el diccionario por si aquella palabreja significaba alguna nueva corriente teatral de vanguardia, y ya ví que no. En cualquier caso honra y gloria a la memoria de Jean Genet.

Para mi el teatro fue un camino para salir del mundo en el que vivía, a otro mundo en el que empecé a vivir a salto de mata, una forma de iniciación a tantos aspectos de la vida. Empecé contagiado en un ensayo de José Carlos Plaza: El Tercer Reich, de Bertold Brecht.

Yo iba a clase de Derecho Administrativo cuando no sé qué extraño impulso me llevó a abrir la puerta del salón de actos del CMU San Juan Evangelista, donde yo vivía, y allí estaban de buena mañana con las luces apagadas, tumbados en el escenario y emitiendo extraños sonidos. A partir de entonces quedé envenenado. Luego allí mismo se fundó “El Corral de Comedias” por donde pasaron todos los grupos históricos: Tábano, TEI, Goliardos, Teatro Libre, etc. Empecé mi peregrinación con Artaud, Brecht, Alfonso Sastre, (quien me iba a decir a mi que luego haría mía su Taberna Fantástica) Sartre, Camus, Valle Inclán, Meyer-hold, Gordon Graig y, sobre todo, Stanislawsky. Entre los teatreros de entonces los había de este último y de Grotowski; yo era más de Grotowski, me atraían el Living Theater y Juan Margallo. Pero también Garisa, Marsillach y Quique Camorras. Las representaciones eran un pretexto para acabar a pedradas con la Policía, que solía rodear el local y colaborar así a intensificar el “climax dramático”.

Luego todo fue serenándose y el teatro cogió su sitio, ese lugar que la sociedad reserva para este arte, un poco venerado y un poco marginado. Desconozco la afición de los universitarios de hoy hacia el teatro. Sé que cuando represento mis obras de “metateatro” en la universidad la acogida es fantástica. Me huelo que una nueva etapa se abre para este viejo arte, a las puertas del año 2000. Quizá entre los mutantes de la era ciberespacial haya una nueva especie, los teatreros, que encuentre el sentido y la utilidad de un gesto desnudo bajo una luz cenital en un espacio vacío. Ese será otro teatro y espero gozarlo y participar en él.



RAFAEL ÁLVAREZ “El Brujo” ha encarnado, entre otros papeles, el Lazarillo y la Sombra del Tenorio