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Si algo caracteriza al jazz actual es sin duda su rica diversidad. Aún en vigencia los estilos clásicos, su tendencia al mestizaje con otras músicas es notorio desde hace tiempo, sin perder su identidad y a veces no hay fronteras con las músicas improvisadas o la música clásica contemporánea.
En esta línea de ponderar la vitalidad del jazz, en el programa de este año, damos presencia con nuestro modesto presupuesto, a una muestra significativa de estos distintos lenguajes, con grupos de varios países y con un homenaje especial al padre del jazz francés, uno de los músicos más importantes de la historia del jazz europeo como es el pianista Martial Solal.
Dentro de esta, parece que lujosa variedad, nuestra línea y finalidad en el programa, va encaminada con determinación hacia la búsqueda de la belleza del jazz en vivo; ese sentimiento tan fuerte que en un momento determinado del concierto nos hace captar algo muy especial de la música que escuchamos y que los aficionados tratamos de descubrir con ahínco. Resulta muy difícil explicar con precisión este término, más aún en un arte tan abstracto como la música, sin embargo, lo que nos confirma que estamos percibiendo la misma es cuando asistimos a un concierto y se nota su ausencia. Puede leerse el aclaratorio artículo “la belleza estructural del jazz” de Enrique Turpin.
Esperamos así expectantes a que en algún momento surjan esos acordes, notas o temas que encierran lo que buscamos y que si podemos, no sin esfuerzo, se nos queden grabados en nuestra memoria para siempre, porque sin duda, esos instantes del jazz en directo donde su principal característica es la conocida improvisación, esta belleza perseguida no se volverá a repetir, ya que nada sonará igual otra vez, porque como es sabido debido a la misma, el intérprete es el creador y el compositor al mismo tiempo mientras actúa y cada concierto difiere aún en los mismos temas y no la encontraremos ni siquiera rastreando en sus grabaciones pasadas o futuras.
Quizás esta belleza añorada la percibamos primero en el sonido de los instrumentos melódicos, es decir, en los de viento, pero en el programa que presentamos lo más probable es que ocurra en el instrumento armónico más presente en el cartel como es el piano, que viene a ser la línea conductora del programa, donde figuran seis grandes músicos como son los pianistas Martial Solal, Albert Sanz, Geri Allen, Agustí Fernández y Tord Gustavsen o en su libertad creativa, otra esencia del jazz, como es la de los grupos de UZ, Nicole Mitchell o Dave Holland del que se describe como el mejor quinteto acústico de jazz del mundo
No dudamos, que en este centro universitario madrileño, con su amplísima historia musical, como es el San Juan Evangelista, que celebra en este 2010 los 40 años de la creación de su CLUB DE MUSICA, entidad organizadora, con la magia del local (más músicos, aficionados y técnicos), vuelva a aparecer esta belleza en el jazz en vivo, lo efímero de unos instantes para la eternidad y que -como ocurrió otras tantas veces-, surja de la imaginación, inspiración y técnica o del sonido particular de los músicos, bien como solistas o en su conjunto y en donde la emoción transmitida también importará mucho.
En mis recuerdos quedan múltiples momentos donde tuve la suerte de sentirla y vivirla. Reseñar, por citar algunos en el hilo del piano, los excepcionales conciertos que hemos venido escuchando en vivo en el San Juan, como los de Chucho Valdés, Anthony Davis, Paul Bley, Cecil Taylor, Chick Corea, Cedar Walton, Don Pullen, McCoy Tyner, Joachim Kühn, Abdullah Ibrahim, Tete Montoliu, Gonzalo Rubalcaba, Michel Petrucciani, Hank Jones, Chano Domínguez, Randy Weston, Mulgrew Miller, Dave Burrel, Kenny Barron, Richard Wyands, Danilo Pérez, Marcus Roberts, Esbjörn Svenson, Carla Bley, Bebo Valdés, Diana Krall, Iñaki Salvador, Geri Allen, Bugge Wesseltoft, Agustí Fernández, Jason Moran, Albert Bover, Vijay Iyer, Bobo Stenson, Enrico Pieranunzi,… donde surgió normalmente en momentos puntuales, siempre por sorpresa y en más de una ocasión en los bises. ¿Quizás un poco de vanidad en recordar esta extensa lista y exagere porque desde luego no fue en todos?
Divertirse, distraerse y disfrutar, algo más que asistir a un simple concierto y olvidarse al poco tiempo. Prestemos atención y procuremos sobre todo mantener despierta la curiosidad, el secreto según se dice de la juventud y la sabiduría. Resistamos y persistamos educando nuestra sensibilidad, vigilando la memoria, pero ¿Cómo atrapamos la belleza? ¿Después de 40 años, será ésta una de las claves de haber llegado a este aniversario?
Alejandro Reyes www.sanjuanevangelista.org Madrid julio 2010.
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